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| COMENTARIO URBANO |
Crédito : Diario La Prensa
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René Pulido Cifuentes
Nos estamos acostumbrando a la violencia como forma válida de expresión. Bullying, asaltos, femicidios, violaciones son el plato fuerte de los noticiarios.
Algo peligroso está pasando como sociedad. Yo no puedo entender por qué a la hora de los análisis serios, respecto de los factores formadores o deformadores, sólo aparecen dos, la escuela y la familia. Análisis añejo. ¿Y la tele e Internet qué? Algo nos está estupidizando cada día más y no sabemos qué hacer. Mi formación me dice que primero deberíamos identificar las causas. Propongo una: la tele e Internet.
Veamos algunas pruebas: Nos tiene estupefactos la violencia escolar, pero ojo, cuando la tele habla de bullying no lo hace porque está en una lucha por terminar con ella sino para servirse de ella, para vender. ¿Y cómo vende?, mostrando imágenes violentas de escolares una y otra vez. Resultado, todos los niños quieren imitarlo. Supuestamente hablan contra la delincuencia pero, si somos agudos, nos daremos cuenta que la tele la promueve.
Nos tienen hasta el cuello con noticias sobre cogoteos o programas donde los delincuentes son las estrellas. Prueba de ello es que en nuestra ciudad hay niños que sueñan con ser delincuentes conocidos para ser respetados y famosos. La tele nos está estupidizando con sus programas ramplones y alienantes enseñando cahuín y traición a través de sus estrellitas. Hay programas que aseguran que somos un país de talentos, pero lo único que hace es desnudar una realidad asquerosa, lo que menos hay desarrollo de arte y talento. Nos están estupidizando cuando insistentemente le hacen creer a los jóvenes que para tener éxito y salir en la tele sólo hay que tener un buen trasero aunque de CI ni hablar.
Nos están estupidizando cuando los operadores de televisión han decidido que no importa si lo que van a mostrar es nefasto para los niños y jóvenes. La tele tiene una sola ley: el morbo, la violencia, la estupidez venden y mucho. Si eso es dañino para nuestro capital joven, ese no es su problema, genera suculentas ganancias por lo tanto se vende, punto.
Cuantas personas renunciaron a sus trabajos o se gastaron el equivalente a dos sueldos o más sólo para ver a la diosa que bajaba del Olimpo. Si alguien cree que la tele no manipula, deforma, dicta normas que se obedecen ciegamente, su ingenuidad no tiene límites.
Por otro lado la tele soluciona problemas y mueve autoridades. Una cámara es más potente que una ley. Grave porque esa cualidad prestada por la negligencia funcionaria le multiplica el poder y la hace que parezca indispensable, útil y benefactora.
El caso de Internet pasó todos los límites, siendo una herramienta tan útil también es un bisturí en manos de un mono. Cualquiera puede subir la atrocidad que quiera. El otro día se suicidó un estupidizado mientras su polola, estupefacta, lo miraba por la webcam. La “castigó” por querer terminar con él. ¿Cuántos “valientes” lo van a imitar? La pregunta de fondo es: ¿pueden los medios audiovisuales, a nombre de la libertad de expresión, seguir haciendo pedazos la sociedad mientras se llenan los bolsillos de dinero?
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