En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, el teólogo Álvaro Ramis se refirió a la gira del Papa Francisco que lo llevó a visitar Chile y Perú durante siete días, y que terminó el pasado domingo con una misa masiva en Lima. La visita de Jorge Bergoglio estuvo marcada críticas a los abusos sexuales cometidos por el clero.

Álvaro Ramis afirmó que es inevitable hablar del contraste entre ambos países en términos de convocatoria. Según comentó, Perú vibró más con la visita del Papa y hubo mayor expectativa en relación a Chile, donde la concurrencia fue menor.

Sin embargo, comentó que, en general, la gira se podría resumir en las críticas que enfrentó la iglesia por las denuncias de abusos sexuales que afectan al clero. “Lamentablemente, el Papa ha vuelto a tener una situación en su visita respecto de un miembro de la organización de los Soladicios, que es una agrupación de la extrema derecha católica, ultra conservadora e intervenida por el Vaticano luego de denuncias de abusos sexuales. El problema fue que uno de sus representantes hizo un discurso en Trujillo”.

En esa línea, manifestó que algunos de los mensajes fueron opacados totalmente por el caso Juan Barros en Chile y el de la organización Soladicio en Perú. “Hay un cúmulo de factores que propicio que Barros se tomara la visita. Primero la incapacidad de la comisión organizadora de poder prever esta situación cuando era evidente que el caso tenía una determinada relevancia social, política y mediática, que ameritaba tomar medidas”.

“En segundo lugar, el Papa no tiene una comprensión global de los efectos del caso y no logra dimensionar los efectos de su frase en Iquique. Tercero, Barros no logra ceder un ápice en su posición. Finalmente, la sociedad no considera tolerable esta situación”, añadió.

Para el teólogo, el tema es por qué el Papa afirma que las acusaciones contra el obispo Barros son calumnias. Sostuvo que estas son consideraciones difíciles de adelantar porque evidentemente los efectos de esa frase fueron mucho peor que los que cualquier analista pudo prever.

A su juicio, en ello existe un interés general que tiene varias vertientes. “Hay un donante muy importante de la Iglesia chilena que es la familia Matte, que sostiene a Karadima y a sus obispos. Por otro lado, el Papa no quiere ver cuestionada su autoridad. Si él aceptara el rechazo a un obispo se abriría una caja de pandora en el poder papal. Él considera que su cargo debe ser reafirmado debido que hay un Papa vivo todavía y gente que cuestiona su legitimidad”.

Ramis advirtió que la salida más fácil era la que se propuso en la carta del Papa, donde se ofrece a los obispos Barros, Koljatic y Valenzuela, muy cercanos a Karadima, un año sabático. Esto le permitiría inventar un cargo y reubicarlos en un lugar donde no tengan contacto con fieles. No obstante, el teólogo explicó que esto fue boicoteado por el nuncio cuando se lo reveló a Barros.

“Hoy no hay una salida fácil, el Papa tendría que iniciar el juicio canónico, lo que requiere una presentación de pruebas formales y que haya todo un procedimiento para la destitución de los obispos. Es súper difícil pero podría darse”, expresó.

En tanto, Jorge Bergoglio debería nombrar nuevos obispos este año. Sin embargo, el teólogo indicó que “no se puede hacer grandes expectativas porque el filtro en la designación de los obispos pasa por el nuncio que, finalmente, conforma la terna que presentan al Papa. El nuncio es un hombre del antiguo cardenal Angelo Sodano, quien tuvo este cargo durante la dictadura. El punto es que los nombramientos están filtrados por esa figura, lo que hace que sean de un carácter más bien conservador”.

Ramis también se refirió a algunos de los aspectos que marcan el aumento de chilenos que ha abandonado la fe católica. Des de su perspectiva esto tiene que ver con los abusos sexuales del clero y la secularización.

Sobre esto último, dijo que “es mucho más profunda y tiene muchas varias capas que pueden relacionarse con el desarrollo material y el incremento en los niveles de educación y urbanización. Además, del desencantamiento del mundo, donde la sociedad exige otras interpretaciones, distintas a las religiosas. El hecho que de que la iglesia esté dominada por sectores conservadores ha impedido renovar su discurso, lo que aleja a la gente”.


Al final de su viaje, el Papa pidió perdón por sus dichos sobre Juan Barros pronunciados en Iquique. “La palabra prueba es la que me traicionó, yo hablaría de evidencia. Yo sé que hay mucha gente abusada que no puede tener una prueba, o a veces la tiene, pero tiene vergüenza y la tapa y sufre en silencio”, señaló Jorge Bergoglio. Finalmente, afirmó que el obispo de Osorno le presentó en dos ocasiones la renuncia, pero él no la aceptó.

Crédito: P. López y K. Palma – Diario UChile