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Las ultimas dos jornadas deben ser enfrentadas con responsabilidad y entrega total. La misma que han puesto antes y que los llevó dos veces seguidas al mundial. La misma actitud y disposición con que ganaron dos Copas Américas y se convirtieron en una de las selecciones más respetada a nivel internacional.

El pobre desempeño con Paraguay y Bolivia en la jornada anterior, dejaron a la Selección Chilena de Fútbol con pocas opciones de clasificar directamente al mundial de Rusia 2018. Ahora, las últimas dos fechas clasificatorias se vuelven determinantes en la consecución de ese objetivo y no se advierte nada fácil, pues varias selecciones mantienen aún vivas sus esperanzas de clasificar al torneo y la disputa está al rojo vivo.

Por ello los puntos en juego contra Ecuador son fundamentales y hay que ir a buscarlos con un esquema ofensivo que permita ganar con claridad y sumar confianza antes de visitar a Brasil. En lo futbolístico, jugar con tres delanteros y un volante ofensivo parece lo más adecuado para presionar bien arriba e incomodar desde el comienzo. En ese esquema lo correcto sería utilizar a Jorge Valdivia (ya que Matías Fernández no fue considerado) pero aún falta saber como quedará después del partido del fin de semana y si el entrenador nacional lo tiene considerado o no para esta fecha. No sorprendería que decidiera utilizar otro nombre para esa función aunque no sea un especialista. A lo largo de la clasificatoria Juan Antonio Pizzi ha apostado, equivocadamente, por prescindir del clásico “10” y usar en esa tarea a Alexis Sánchez o Arturo Vidal lo que ha significado perder lo mejor de ellos en otros sectores del campo en los que resultan mucho más determinantes. Además la dualidad de funciones ha terminado confundiendo y cansando a los jugadores que terminan aislados y entorpeciendo el trabajo colectivo. Esta vez no se puede improvisar o insistir con cosas que ya han fracasado antes.

En defensa los nombres salen de memoria y sin controversia, lo cual es positivo. Claudio Bravo, Mauricio Isla, Gary Medel, Gonzalo Jara, Eugenio Mena (Jean Beausejour está suspendido) y la destacada irrupción de Paulo Díaz conforman un bloque defensivo que ha demostrado solidez contra las mejores ofensivas del mundo. Aquí la Selección no debe tener excusas ni problemas irresolubles.

Arriba hay que elegir bien al atacante central pero Eduardo Vargas, Mauricio Pinilla (por su buen momento y estado de forma) e incluso Esteban Paredes, tienen las características necesarias para aportar calidad y contundencia en ese sector. El reto mayor con ellos es acompañarlos bien y dotarlos de opciones reales de gol que enriquezcan sus esfuerzos. Sánchez y Edson Puch podrían ser desequilibrantes en esa labor, sobretodo si les acompaña y asiste un medio campo de buen pie como el que puede tener la Selección con Vidal, Charles Aránguiz y Pablo Hernández. En este punto sorprende mucho la exclusión de Marcelo Díaz, quien ha sido pieza fundamental en el mejor momento del equipo y cuyas virtudes hemos reconocido todos. Lo peor es que no encontramos entre los nombres nominados por Pizzi, alguien que pueda suplir o cumplir sin complicaciones la función del jugador excluido. Entonces la nomina entregada permite al menos cuestionar el mecanismo y los parámetros utilizados para diseñarla. Nuestra selección tiene un número de jugadores seleccionables bien acotado y por supuesto sorprende que se prescinda de jugadores de talento y calidad ya demostrada para improvisar con algunos jugadores con ni siquiera son titulares en sus clubes.

En esta ocasión los ecuatorianos vienen con una campaña discreta que los mantiene con reducidas opciones de clasificar (muy similar a la chilena). Además decidieron cambiar de  entrenador para disputar los últimos partidos y varios referentes se han hecho a un costado generando desconcierto e inquietud al interior del grupo. Evidentemente ese detalle altera la planificación del encuentro ya que es difícil anticipar la nomina, el esquema y la intención de juego del nuevo preparador. En todo caso, Chile debe enfocarse en su propia forma de jugar, presionar intensamente, recuperar rápido el balón y cerca de la zona de perdida, ser veloces para construir, aprovechar profundamente los laterales y lo más importante, ser solidos en la definición. Esa es la esencia que  encanta a los fanáticos y que permitió el crecimiento de nuestra selección.



Contra Brasil será otra cosa. Ellos llegarán clasificados y con ganas de despedirse de su público y para la selección chilena será uno de los partidos más importantes del ultimo tiempo. El escenario es complicado porque la velocidad, habilidad y contundencia de sus jugadores es enorme y preocupante. Basta con nombrar a Neymar, Philippe Coutinho y Gabriel Jesus para saber que es un asunto serio. Relajados y sin presión los brasileños pueden hacerte pasar un mal rato y por eso hay que tomar las debidas precauciones. Por otra parte, ese relajo normal de los brasileños puede abrir la puerta para que un equipo bien concentrado y luchador como el chileno, de la gran sorpresa que le permita asegurar su presencia en el mundial.

Las ultimas dos jornadas deben ser enfrentadas con responsabilidad y entrega total. La misma que han puesto antes y que los llevó dos veces seguidas al mundial. La misma actitud y disposición con que ganaron dos Copas Américas y se convirtieron en una de las selecciones más respetada a nivel internacional. Un logro inédito para nuestro deporte. Nadie cuestiona los logros lo que queremos es prolongarlos en el tiempo.

Lo que es seguro es que más allá del éxito o fracaso deportivo, el final de esta clasificatoria repercutirá fuerte en nuestro fútbol y nuestras organizaciones dejándonos asuntos importantes que resolver y discutir. Si Chile no logra clasificar a Rusia entonces vendrá un final abrupto para este grupo de jugadores y se debería apostar por un proceso técnico diferente. La Federación de Fútbol debería poner fin al vínculo con los preparadores actuales e ir en búsqueda de un entrenador con capacidades formativas incuestionables. Lo que ameritaría el momento sería una revisión de los planes formativos, los resultados del fútbol joven y el desarrollo que debe seguir teniendo la actividad para mantenerse en lo más alto. La ventaja es que por el camino recorrido, ya sabemos que invertir fuerte en la formación de nuestros jugadores es la única manera de trabajar que garantiza alegrías y resultados solidos en el tiempo.

Pero al contrario, si los resultados son buenos, este grupo de jugadores habrá prolongado su gran carrera y podrán coronarla con la participación en su tercer mundial consecutivo. Esto evidentemente aplazaría las discusiones y definiciones para acompañar el fin de este proceso con entusiasmo. De ser así y si todo va bien con la salud de los jugadores, Chile podría pelear el campeonato de Rusia con el plantel más exitoso, virtuoso y maduro de su historia. Lo cual generaría grandes expectativas y esperanzas. Por supuesto, el cuerpo técnico de Juan Antonio Pizzi alargaría su estancia y obtendría la posibilidad de dirigir al equipo en ese atractivo desafío. La moneda está en el aire y las circunstancias se definen en dos atractivos partidos. Ojalá que haya suerte para los nuestros y que pase lo que pase, al final salga fortalecido el fútbol chileno completo.

Crédito: Francisco Cárdenas – Diario UChile