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La Agencia de Calidad de la Educación entregó los resultados del Simce de Escritura 2016, aplicado a más de 212 mil estudiantes de sexto básico del país.

Más que reconocer diferencias sustantivas, el informe reafirmó las tendencias que se han identificado en años anteriores. Esta vez el promedio alcanzado por los estudiantes fue de 51 puntos, es decir, un punto más que en 2015.

Dentro de las principales conclusiones se indica que más de la mitad de los estudiantes presenta dificultades en el desarrollo de sus textos o escribe textos que se entienden con dificultad. Y que,  en general, los estudiantes presentan mejor desempeño al elaborar discursos narrativos que informativos.

Para Carmen Sotomayor, profesora de Estado, investigadora especialista en lenguaje y escritura del Centro de Investigación Avanzada (CIAE), este último dato es relevante porque reflejaría que el método que privilegian los profesores es el que los estudiantes sólo copien la materia desde los pizarrones y no optan por la escritura libre.

En esa línea, dijo que el obstáculo para incentivar este tipo de escritura es el limitado tiempo con el que cuentan los docentes dentro de la planificación, considerando que el aprendizaje a través de la escritura es un proceso complejo que requiere de varias correcciones.

“Es necesario que los estudiantes produzcan textos de distintos tipos, por ejemplo, argumentativo con una carta de solicitud o un pequeño ensayo. La primera piedra de tope en desarrollar mayores habilidades es que no se escribe mucho y es porque los mismos docentes no tienen tiempo para esto”, explicó.



Respecto del análisis socioeconómico, el informe señala que en contexto de vulnerabilidad – es decir, grupos bajo y medio bajo- los establecimientos rurales obtuvieron mejores resultados que los urbanos. Esto último fue valorado por el Ministerio de Educación, dado que muchas escuelas y liceos rurales han sido cerrados por sus deficientes resultados académicos.

Otro  de los factores que destaca el análisis es la sustantiva brecha de género. Las mujeres obtuvieron tres puntos porcentuales más que los hombres en todas las áreas medidas.

Sobre este tema, el investigador del Observatorio de Políticas Educativas (Opech), Mario Sobarzo, explicó que no ha habido una política nacional de incentivo al capital cultural sin distinción de género, por lo mismo las niñas tienen mejor rendimiento en lenguaje y más bajo en matemáticas y ciencias. “Son políticas aisladas que sólo abordan un ámbito y no global, por ejemplo sólo se enfoca en la política educativa o en el tema de los beneficios sociales sin entender que se requiere de una articulación entre las áreas”, indicó.

Para el jefe de carrera y profesor del Departamento de Educación de la Universidad de Chile, Marcelo Pérez, el sistema educacional sigue reproduciendo la desigualdad social y las reformas en curso no cambiarían dicha situación.

Además comentó que esta es la consecuencia de la reforma aplicada en 1981 que desmanteló el sistema sustentado en un estado docente y que lo desplazó hacia iniciativas privadas donde la familia asumió un rol protagónico dependiendo de sus condiciones económicas.

Uso de tecnologías

El  Simce también  destacó que el uso de nuevas tecnologías y el intercambio de textos vía correos electrónicos, Whatssapp e Instagram serían las nuevas formas de escritura. Por lo tanto, esto no empeoraría la manera de escribir sino que sería un nuevo género necesario de analizar. Sin embargo, la investigadora del CIAE, Carmen Sotomayor, dijo que mediante este mecanismo no se ejercita la correlación de ideas de un texto mayor, como la relación de capítulos de un libro, o la cohesión y coherencia.

Respecto de este tema, Marcelo Pérez dijo que “las habilidades y competencias también están relacionadas con la tecnología que no se puede separar del factor económico que los garantiza”.

De todas maneras, los expertos advirtieron que las pruebas estandarizadas – al igual que la Prueba de Selección Universitaria (PSU)- dejan fuera una serie de factores de contexto social y económico del estudiante y de las escuelas y, por lo mismo,  afirmaron que es preocupante que sea una calificación que determine los recursos y los programas que les son destinados. “Los sistemas de medición vienen a corroborar estas diferencias que tienen que ver más con un problema social que educativo”, enfatizó.

Otras cifras publicadas en el documento señalan que en los textos informativos el 64 por ciento desarrolla el tema de manera básica o solo enuncia sus ideas, y en los textos narrativos la mitad de los estudiantes desarrolla los temas de manera básica o con dificultad.

Crédito: Natalia Figueroa – Diario UChile