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En una otoñal tarde, mientras se observa como las amarillentas hojas de los arboles ya comienzan a caer, según el natural ciclo de la vida que prosigue al caluroso verano, sin pensarlo se puede asociar esta realidad de cambios meteorológico, con el cambio que ya se aproxima en el ámbito social, con renovación de sucesos y hechos históricos y políticos que cada cierto tiempo suceden en nuestra vertiginosa existencia. Quizás parezca un tanto romántico, pero así es, termina un periodo y comienza otro, tal vez igual, mejor o peor que el anterior. En efecto, tal como lo dicta la naturaleza y lo dice el canto de Julio Numhauser, “Cambia lo superficial, cambia también lo profundo, cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo”.

En realidad, falta poco para que en nuestro querido país se produzca un nuevo cambio de gobierno, con una nueva elección presidencial de Chile para el período 2018-2022, que se realizará el 19 de noviembre de 2017, en conjunto con las elecciones de diputados y senadores y las elecciones de consejeros regionales

Pero la guerra político partidista ya hace un buen rato que comenzó, y los distintos actores comprometidos “con un querer queriendo”, en forma solapada, o directamente ofensiva, agresiva y descalificadora, se van sacando unos a otros los “Trapitos al sol”. Expresando verdades y mentiras, a fin de ganar adeptos para cada agrupación política, sobre lo cual los actos y hechos denuncian a diario múltiples situaciones de conflicto y controversias, las denuncias de corrupción de uno u otro mando están a la orden del día, cuyo trasfondo no es otro que crear divisionismos y posturas extremas y antagónicas. Ahora bien, dentro de esta misma situación anómala, el político sea del

color que se, no “trepida en acudir a todas clases de artimañas, pillerías y cínicos acuerdos con supuestas coaliciones En tal sentido la pregunta del millón, es … ¿quién podría o debería ser entonces el futuro presidente de la república? Ante de emitir personalmente ¿por quién votar?, ¿Quién podría ser un próximo gobernante que no posea aquellas demasías ansias de poder?

Muchas pueden ser las respuestas y supuestas hipótesis que podrían plantearse al respecto, pero en su mayoría, no es atrevido decir, que sea quien sea el que salga elegido, no sería pesimista decir que la cosas seguirán igual con uno u otro cambio de menor importancia, pues como dice otra canción “La vida sigue igual, unos que nacen, otros morirán, unos que ríen, otros llorarán, aguas sin cauce, ríos sin mar, penas y glorias, guerras y paz. Siempre habrá por qué vivir, por qué luchar”

Por lo mismo, las ganancias económicas siempre favorecerán a la clase más poderosa, en un afán desmedido de echar agua para su propio molino, con claras consecuencia en el ámbito político, económico y social que seguirán acomodando a los correspondientes correligionarios, partidarios, secuaces y seguidores, conjuntamente con los propios congéneres y acomodando a la parentela y generaciones, con la ambición de preservar y asentarse en el poder, eso siempre ha sido y seguirá siendo así.

Al respecto, no cabe la menor duda que hoy en día, gran parte del electorado, se siente agobiado por las tantas necesidades que por mucho tiempo son deseadas, con promesas por cumplir pero que nunca jamás se irán a concretar plenamente. Todos soñamos con un gobierno ecuánime, justo, solidario, preocupado por las necesidades comunes de un país, sin distinción de ideas, creencias, con cumplimiento real de derechos y deberes, obviando gestiones de vital importancia, como lo son el derecho a una vida digna, frente a la salud, al trabajo, a la educación y al derecho a vivir en paz, en un clima de armonía, sin delincuencia, sin aprovechamientos ilícitos y actos de una abierta injusticia, corrupción y escándalos que apunta a hacer del rico y poderoso cada vez más rico y al pobre más pobre.

En esta nefasta realidad en que hoy vivimos, ya nadie cree en ideales políticos y falsas promesas, que solo traslucen demagogia en cada candidatura, en desmedro de los intereses y aspiraciones reales de los más desposeídos.

He ahí que, en las diferentes doctrinas y pensamientos sociales sin apellidos, todo resulta igual. Vivimos hoy más que nunca un “Cambalache de nuestro tiempo”, como lo dice ese viejo tango de Enrique Santos Discépolo, “Hoy vivimos un despliegue de maldad insolente, ya no hay quien lo niegue, vivimos revolcaos en un merengue y en un mismo lodo todos manoseados. Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante sabio o chorro generoso o estafador, Todo es igual nada es mejor, lo mismo un burro que un gran profesor”

Hoy más que nunca nuestra ciudadanía, desearía tener un gobierno preocupado realmente por satisfacer las necesidades de la mayoría, con la elección de un presidente visionario como en otrora lo fue, “Un Estadista, no un comerciante o un embaucador o estafador, ”, que manifieste una real preocupación en torno a toda la sociedad, con especial dedicación a la clase más desposeída, de aquellos de mayor vulnerabilidad, otorgándoles un trato justo y signo, ayuda y apoyo concreto y ecuánime en las remuneraciones a su trabajo y no tratando de tapar el sol con un dedo, a través de Bonos compensatorios con supuestas y engañosas rebajas menores que al pobre le significa unos cuantos míseros pesos más, mientras que a otros les significa llenarse los bolsillos con millonarios

ingresos extras, por una u otra razón o privilegios arteros, basados en supuesto resquicios aparentemente legales. En consecuencia, mientras, existan estas y muchas otras situaciones incorrectas e injustas, la vida social chilena seguirá viviendo en un ambiente de intolerancia, represión, de descontento, de privaciones, de miseria, creando con ello violencia, delitos y movimientos de los trabajadores forjando una lucha de clases, en la medida que se adquiere conciencia de sus derechos.

Empero, aunque todo esto parezca una quimera, “El futuro Presidente de Chile”, debería ser una persona, con cultura y conducta psicológica, social y política: humilde, solidario, cooperador, sin ánimos de grandeza ni mezquinos intereses y afán de ganar dinero, sin fingimientos y o falsa hipocresía, demostrar con hechos y no con tanta verborrea o palabrería inútil, que sea consecuente de los dice o promete con un concreto y fidedigno hacer, y un deber ser, sin tratar de ser poderoso para aplastar al más débil, respetar los derechos de los trabajadores, del hombre y de la mujer chilena, preocuparse de los niños y adultos mayores a fin de que la construcción de una nueva sociedad chilena sea más justa, más equitativa y solidaria, más armoniosa. ¡Solo así todo sería una realidad concreta y no una utopía o una fantasía inalcanzable! Por lo mismo lamentablemente debemos concluir sin temor a equivocarnos que: ¡SOÑAR NO CUESTA NADA! O bien esperar que arribe a nuestro globo terráqueo algun raro personaje proveniente de otro planeta, porque los seres humanos por naturaleza somos así

Omar González Hurtado Corresponsal de Servicio Web.