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¿Qué expresión tan vista o repetidas, que se dice o se escucha muchas veces dentro de un ambiente de natural alegría, en que por cierto no faltan aquellos elementos líquidos tan habituales que ayudan a elevar los ánimos y ponernos contentos, lo que generalmente se consume más en varones que damas? Bebidas y eventos que generan profundas emociones y sentimientos de amistad, cariño y acercamiento emocional entre las personas.

En efecto, estas afirmaciones o preguntas que muchos las hemos expresado, o las hemos escuchado de manera tan cotidiana, lamentablemente no siempre se condice con una efectiva y concreta amistad.

En efecto, para muchos de aquellos que están leyendo esta nota, puede ser una frase reiterativa, pronunciada por personas que como se ha dicho se dejan llevar por las agitaciones del momento, de alegría, de euforia y de una aparente sensación de cariño, de amistad, de afecto hacia el otro.

No obstante, una vez que los efectos del alcohol o algún otro tipo de droga ha pasado. Las frases o, mejor dicho, aquellas afirmaciones dichas en términos de pregunta dentro de una instancia de felicidad y sosiego, se esfuma, en igual forma como la humareda que va dejando el cigarrillo puesto en aquellos labios adictos a este otro mal habito

En tal sentido, es de esperar que aquella expresión entre supuestos amigos, a través del tiempo sea realmente valida y concordante con aquel pensamiento empírico que dice vulgarmente…” los niños y los borrachos (ebrios) siempre dicen la verdad”.

No obstante, no podemos asegurar que aquello pueda constituir una fiel y real amistad, pues lamentablemente lo que se dice no siempre es verdad.

Pero no por eso vamos a descalificar ese natural impulso del ser humano de sentirse cerca de otros, pues ello refleja sentimientos de sociabilidad acorde con la necesidad de sentirse apoyado, aceptado y comprendido, e inclusive amado por otros.

Puesto que, en cada situación de vida social, los problemas de cualquier índole, ¡no faltan!, he ahí que necesitamos de la ayuda y el apoyo de otros.

Para tales efectos, y esto no es un consejo, sino tan solo una reflexión muy personal.    Si tenemos algo que celebrar, así, por ejemplo: una despedida de soltero, un matrimonio, un bautizo, cumpleaños, un logro social o profesional, ascenso en su puesto de trabajo, en fin, un éxito logrado en términos personales, etc. etc.    Es lisito y aceptable que estas frases en términos de preguntas se pronuncien con cierto exagerado énfasis.

No obstante, también no podemos perder de vista y exponernos a falsas expectativas, y tomar tales afirmaciones con cierta mesura y teniendo siempre presente que aquello pueda tener en el futuro una relativa sinceridad, pues nuestro actuar respecto a las condiciones de vida de los demás, entre ellos nuestros amigos, siempre estaremos expuestos a alguna contingencia no esperada.

He ahí entonces que pasado cierto tiempo, nos podemos encontrar solos, sin ayuda, sin apoyo ni comprensión de nadie, pues cada persona en esta vida tiene sus propios quehaceres, que muchas veces son prioritarios, ante la desgracia, el accidente, la enfermedad, la ancianidad, o en alguna instancia en la cual entonces podemos sentirnos muy solos.

En tal sentido entonces, podemos asegurar que a muchos les ha sucedido esto, por desgracia y consecuencia solemos preguntarnos. ¿Qué paso con todas aquellas personas que, en nuestro hogar, llenaban nuestra mesa como invitados? ¿Aquellos que, por considerarle buenos amigos, eran los primeros estar en nuestra casa?

La vida es así, y no es para lamentarse, sino más bien para reflexionar que aquello es natural en los seres humanos.

He ahí entonces surge una triste y cruel realidad, pues algunos de nuestros amigos aparecerán en ciertas ocasiones tristes.   Por eso es recurrentes que personas que han dejado de verse por muchos años, sea normal reencontrarse en algún funeral o en un hospital. Aunque por cierto son muchos más lo que siempre estarán EN LAS BUENAS MAS QUE EN LAS MALAS.

Así noma es…. ¡así somos muchas personas lamentablemente!, realidad por cierto en que nadie puede estar exento.   Pues todo tenemos el pensamiento, el criterio y la razón muy frágil, y dejamos de lado aquello más importante por cumplir por aquello que es menos importante.

Es decir, por lógica, el Ser humano, tiende a estar en situaciones de alegría, de euforia, de celebración, de éxitos, de algarabía, es decir EN LAS BUENAS, en cambio es natural y lógico que muchas veces le hagamos el quite a los momentos cruciales, tristes, penosos que nos bajan el ánimo o nos entristece.

Instancias en las cuales entonces frente a la soledad, por ejemplo, solemos preguntarnos así mismos: ¿Dónde está el amigo, que prometió con énfasis su compañía, su amistad y su apoyo? ¿Dónde están como ya se dijo, esas tantas personas que habitualmente eran invitados de honor en nuestra casa, ante un evento de celebración, de fiesta, algarabía y regocijo?   ¿Dónde está aquel amigo o amiga que en otrora era para uno, un seguro e importante invitado, y que en determinado momento de tristeza podría ser un importante bálsamo a nuestra penosa situación, ayudándonos a soportar nuestro trance funesto, frente a la pérdida de un ser querido, de alguna enfermedad o tropiezo mal dado en esta vida?

Conjuntamente con esta realidad psicológica y social, también debemos tener en cuenta que a medida que pasan los años, nos vamos quedando solos. Esta es otra y horrible realidad, pues la soledad que a muchos no va acompañando con los años, como dice aquel certero ejemplo que nos sitúa en un verdadero TREN DE LA VIDA, y que en algunos casos es habitualmente explicable, pues muchos de nuestros amigos o conocidos ya se han bajado del Tren y ya no están ni estarán nunca a nuestro lado.

En consecuencia y en relación con el rotulo de esta somera reflexión, es aconsejable tomar esta soledad con cierta conciencia y prudencia, con el fin de hacer más llevadera nuestra propia existencia, ya estando solo o con alguna escasa compañía.

 

Aporte: Omar González Hurtado