Un texto al que tuvo acceso Diario y Radio Universidad de Chile establecería una estratificación de las personas que viven con el virus a la hora de acceder a distintos tipos de atenciones, donde aquellos “clínicamente estables” podrían visitar solo una vez al año un centro especializado.


El segundo semestre de este año el Ministerio de Salud (Minsal) recibió críticas contundentes por parte de miembros del mundo de la medicina y del activismo relacionado al VIH/Sida, luego de que trascendieran las eventuales modificaciones que se realizarían al modelo de atención integral para las personas viviendo con el virus. Lo que causó la alarma de las partes interesadas, llegando incluso al Poder Legislativo –por medio de una intervención de la diputada Karol Cariola–, fue que se trasladaría el tratamiento de ciertos pacientes desde los centros especializados a los consultorios.
El incendio mediático llegó hasta la oficina de la ministra a cargo, Carmen Castillo, y tras unas semanas de ajetreo se convocó a una reunión el 14 de noviembre. La conversación quedó guardada en la grabadora del periodista y activista Víctor Hugo Robles, miembro de la Plataforma Social en VIH/Sida y Derechos Humanos y en un momento se escuchaba a la jefa de cartera desmintiendo la información aparecida en la prensa.
“Yo quisiera dejar muy en claro que no serán trasladados a la atención primaria. La especialidad sigue siendo el foco y el centro. Nosotros no queremos que pierdan el vínculo con el médico tratante del nivel secundario”, decía Carmen Castillo, e informaba a la comunidad que a mediados de diciembre estaría listo el texto con el nuevo modelo.
Sin embargo, un archivo al que tuvo acceso Radio Universidad de Chile, indicó que cuatro días antes, el 9 de noviembre, ya circulaba un documento de trabajo interno dentro del Minsal, en el que se exponían las disposiciones en el nuevo sistema de atención integral de personas viviendo con VIH. El insumo no fue socializado durante aquella reunión en las dependencias del Ministerio. Y si bien en el escrito se señala que se mantendría, en pos de la confidencialidad, la “atención, control y tratamiento antirretroviral en el nivel de especialidades”, algunos puntos a lo menos interpretables volvieron a encender la alarma de los médicos que llevan años trabajando en este tema.
Contrarreferir a los consultorios
El documento al que tuvo acceso Diario y Radio Universidad de Chile se titula “Estrategia de Atención Integral de Personas que Viven con VIH, en control de Sistema Público de Salud”. En la descripción del programa se informa sobre el paso a una estratificación de la totalidad de los pacientes, a los que se les otorgarían facilidades específicas a partir de su estado. Y el problema surge a partir de dos puntos. El primero hace referencia a la cantidad de veces que se podrá atender uno del tipo “clínicamente estable” –así se le denomina– en un centro perteneciente al nivel secundario. Eso, acorde a las indicaciones del texto, estaría ocurriendo una vez al año, algo que en opinión del doctor Carlos Beltrán, jefe del programa de Sida del Hospital Barros Luco, es absolutamente insuficiente. “Estos pacientes se ven cuatro veces al año”, explica.
El segundo punto de la polémica aparece en la descripción de las funciones que tendrán que cumplir los consultorios. Ahí se lee que estarán encargados de la “referencia de las personas diagnosticadas como VIH+ a los centros de atención de especialidades con atención de VIH para su ingreso a control y tratamiento y posterior contrarreferencia”.
“Contrarreferencia es que va en consulta al nivel secundario, de especialidad, y es contrarreferido a la atención primaria (APS), lo devuelve para que siga sus atenciones. Es como decir ‘mire, lo envío para que le hagan una evaluación y después me lo mandan de vuelta’, eso está explícito. Con este cambio de modelo lo que se pretende es que la atención de la patología, en las personas que reúnen ciertos requisitos de estabilidad, se haga en la APS. Y eso es con lo que nosotros estamos en desacuerdo, porque los pacientes están estables precisamente porque son manejados por un nivel de especialidad que se encarga de mantenerles esa condición”, agrega el infectólogo y también presidente de la Corporación Sida Chile, Carlos Beltrán.
El doctor Alejandro Afani, inmunólogo y director del Centro de VIH del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, comentó el documento y fue enfático en criticar el contenido inédito al que tuvo acceso este medio, diciendo que el Minsal no está mirando a un horizonte correcto.
“El Ministerio está yendo por el camino equivocado una vez más. En los países que esto funciona bien no es así. Es un experimento que no tiene ninguna lógica, que va a llevar a desarticular, invisibiliza, y a un peor manejo de los pacientes. Esta parte es a lo menos buena, habiendo falencias, entonces lo que hay que hacer es fortalecerlo, vigorizarlo, de acuerdo a los requerimientos. Y homogeneizar criterios a lo largo del país; que no haya centros superiores a otros”, dice.
El experto, respecto de la interpretación del documento de trabajo, agrega que “si bien es confuso, para mí es bastante claro que va en la dirección del traslado a APS. Es muy grave, un retroceso. Es vergonzoso pensar que todo lo ganado se pueda tirar por la borda a través de un planteamiento de esta naturaleza. Evidentemente nos vamos a oponer a que eso ocurra”.
La versión del Minsal
Bernardo Martorell, jefe de la División de Atención Primaria del Ministerio de Salud, confirma la existencia de este insumo. Según él, la autoridad lo va a presentar al público pronto, por lo que la versión revisada por Diario y Radio Universidad de Chile sería algo preliminar.
Además, el doctor confirma que esta estrategia ya está contando con cierto grado de implementación en el norte del país. “Algunos servicios de salud, por autonomía, pueden tener implementaciones parciales de esta estrategia, y eso justamente es uno de los factores que ayuda a construir esta estrategia como algo nacional. El Minsal da lineamientos generales y es en el territorio donde se implementan las cosas y se adaptan. En Arica tienen avanzado algunos elementos de esa estrategia”, dice.
Asimismo, explica que esta estratificación se debe a que las personas con “carga viral baja” pueden resolver problemas en la atención primaria como un “resfriado, o una cirugía menor”, lo que a ciencia cierta –y acorde a las palabras del funcionario– “no es muy nuevo”, pero que se haría cargo de la realidad de aquellos “pacientes bien compensados que han tenido una tendencia de atenderse enfermedades generales también en los hospitales con especialistas”.
“Pero el tratamiento del VIH no se va a ir a la APS. Eso se mantiene en las unidades especializadas”, agrega.
El jefe de la División de Atención Primaria no profundiza respecto de las sospechas de traslado que genera ese único control médico de VIH que tendrán los pacientes al año –cuando son necesarios cuatro, acorde al doctor Beltrán–; sin embargo, aborda las dudas generadas respecto de la función para contrarreferir a la APS a las personas viviendo con el virus.
“En el fondo el acto de contrarreferencia es un acto de mantener a la atención primaria al tanto de lo que pasa con su población a cargo. Ahora, las personas con VIH tienen la libertad de inscribirse en otros consultorios también. Empatizamos con la preocupación de la confidencialidad, y del resguardo del secreto sobre el estado de todas las enfermedades de pacientes. Pero también una persona puede inscribirse en cualquier consultorio de donde vive o donde trabaja. Tiene hartas opciones para cambiarse de consultorio. Hay hartas alternativas”, argumenta, y termina por afirmar que “la contrarreferencia no es mandar al paciente de vuelta. El paciente puede estar bajo control con un infectólogo en el sector secundario y simultáneamente haciéndose el examen preventivo de la diabetes en la atención primaria. Entender que los pacientes son enviados de vuelta es una mala forma de entender la red asistencial”.
La arista de las etnias originarias
La información respecto de algunas pruebas realizadas en Arica sobre esta nueva estrategia es rechazada por el activista Víctor Hugo Robles. “Se contradice con la voluntad y con la promesa de la ministra de Salud de someter a consulta esta estrategia de atención integral, una consulta con las organizaciones sociales, que iban a conocer este nuevo plan, que iban a dar a conocer su posición. Sin embargo, nos damos cuenta que las políticas públicas en salud en Chile se hacen a espaldas de la sociedad civil y a espaldas de las personas directamente afectadas”, sentencia.
El otro punto que podría dificultar el proceso guarda relación con las etnias originarias. En el documento reservado, se explicita que “en el quinquenio 2011-2015, un 3,7 por ciento (483 personas) de los casos notificados en ese período declaró pertenencia a alguno de los pueblos presente en nuestro país, fundamentalmente, más no exclusivamente, a mapuche, lo que está relacionado con la magnitud poblacional de cada uno de los pueblos”. Así se abriría el flanco que llama a convocar una Consulta 169 a la hora de realizar cambios que afecten a estas personas, lo que ya fue advertido por la Red Nacional de Pueblos Originarios.

Crédito: Nicolás Massai D. – Diario UChile