Branislav Marelic sale del INDH en medio de la elaboración del informe Sename. El documento, nacido de la observación de centros de internación de todo el país, contendría señalamientos a la forma en como ahí viven los niños, niñas y adolescentes de la red.



Hace algunas horas se confirmó la salida de Branislav Marelic del Instituto Nacional de Derechos Humanos, el abogado que llegó en agosto de 2016 a reemplazar a Lorena Fries tuvo entre sus principales misiones comandar las inspecciones de la institución a todos los centros en los que el Estado debe hacerse cargo de personas: cárceles, hospitales psiquiátricos, geriátricos y centros de la red Sename. Estas últimas inspecciones gatilladas por la crisis que se vive en los centros de acogida de niños, niñas y adolescentes, carencias que habrían sido confirmadas por los observadores del INDH.

En octubre del año pasado se inició la misión, luego de dos meses de Marelic en el cargo. Por primera vez la institución iba a visitar tal número de lugares. Decidieron recorrer de sur a norte la mayor cantidad de espacios. La idea era poder tener una radiografía a la forma en la que viven los menores de edad que ahí residen, y la tienen.

Carencias materiales, espacios mal distribuidos, falta de personal capacitado para la contención, casos de violencia y abuso sexual serían parte del documento que tendría que ver la luz en el primer semestre de este 2018.

Si bien no sería un documento que apunta en particular a la realidad de cada institución, sí permitiría imaginar un panorama general. Un texto que daría las primeras luces para entender cómo se gestó la crisis del lugar, escándalos que explotaron con la muerte de la pequeña Lissette Villa en 2016.

Carencias materiales

Uno de los aspectos relevantes de la investigación daría cuenta del cómo viven los niños, niñas y adolescentes de la red. En ese sentido, llamaría la atención las diferencias que se dan entre las grandes instituciones de acogida, cuyos estándares de calidad serían inimputables, versus los s espacios que, principalmente, se encuentran en regiones. Una característica común de estos últimos sería la poca infraestructura con la que cuentan, detallando situaciones tales como patios de tierra y niños sin zapatos, señales mismas del abandono del lugar.

Además de esto, el hacinamiento. Una de las conclusiones sacadas por los visitadores sería que en aquellos espacios donde habitan menos de treinta personas, la convivencia y formas de vida serían acorde a los estándares esperados. El problema radica en aquellos que superan esta cantidad, centros que se convierten en caldos de cultivo de expresiones de violencia, desbordes e, incluso, abusos sexuales propios de espacios sobrepoblados y mal intervenidos.

Problemas de personal

Más del 90 por ciento de los trabajadores no profesionales de los centros inspeccionados serían mujeres. Ellas, en gran medida, no tendrían la formación necesaria para el trabajo de contención. Los malos sueldos y la poca preparación para enfrentar situaciones límites sería otro de los problemas generalizados de los centros asociados a la red, cuyo modelo de prestaciones radica en una tercerización de servicios, donde el Estado paga subvenciones a instituciones privadas para que se hagan cargo de la administración de centros de acogida.

Según habría revelado la visita, lo que se manifiesta mayoritariamente serían mujeres cuyo único estándar para contener y acompañar a los niños residentes estaría dado por la maternidad: “los tratan como si fueran hijos, es el único modelo de atención disponible”, situación que sería insuficiente para contener las necesidades propias de los menores de edad institucionalizados.

Sin redes familiares

La falta de compañía familiar sería también una realidad extendida. Sin embargo, el motivo de este abandono no siempre es el que se imagina. Según se habría constatado en la visita, sería una práctica repetida el que los propios cuidadores ahuyentaran a madres y abuelas. La estigmatización es el detonante del distanciamiento.

Repetidas conductas de culpabilización, malos tratos verbales, dificultad para ver a los niños y niñas formarían parte de la forma en que en algunos lugares se recibe a los vínculos afectivos de los internos. Esto sumado a una nula política de acercamiento, por ejemplo, con los hermanos, constituiría una primera señal de alarma: sacar a los niños de su contexto socioafectivo un detonante de las incontinencias emocionales de los residentes de la red, lo que daría paso a casos de violencia y abuso sexual, únicamente como vías de escape a la precariedad emocional con la que conviven.



A fin de cuentas, el informe que debería ver la luz durante los próximos meses da cuenta de que es Sename el hermano pobre de los centros bajo cuidado estatal. Como lo han dicho en repetidas oportunidades los críticos de la institución: los niños, niñas y adolescentes no votan, por lo tanto, no importan.

Qué pasará ahora, con el cambio en la dirección de la institución, más cuando quien llega en reemplazo de Marelic está ligada a uno de los centros que le prestan servicio a la red. El diputado René Saffirio ya lo advirtió: Branislav Marelic habría sido desvinculado por los resultados del informe Sename, reacciones a eso seguro tendremos.

Crédito: Paula Campos – Diario UChile

 




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