Ante tantísimas y exageradas actitudes, ideas, sentimientos y peculiaridades que en el mundo de hoy se demuestra cada día con mayor ímpetu, para demostrar su disconformidad frente a una u otra eventualidad, quien escribe, se ha sentido impulsado una vez más a poner en el tapete de la comunicación personal o a distancia, las exageradas actitudes que muchos ya estamos manifestando.


Mas no podría decir lo que deseo, sin mencionar, aun sin ser extremadamente creyente, algunos de los tantos pensamientos dichos hace ya cierto tiempo por su santidad Juan Pablo Segundo, cuando en uno de sus tantos mensaje al referirse a la comunicación humana, dijo: “ es imprescindible promover todas aquellas virtudes sociales que fomenten el desarrollo pleno de nuestra sociedad, a través del diálogo, la comunicación, la corresponsabilidad, la participación responsable, la capacidad de sacrificio, la fidelidad y muchas otras bondades que son expresiones propias, inherentes y fruto del amor. Por lo mismo exhorto a todos y a cada una de las personas que comparten la vida social, a través de una comunidad en que prevalezca el amor, la paz y la fe que nos permita llevar una vida personal y social más coherente, con una participación frecuente, activa, fraterna, con un amplio y profundo sentido de comunidad, lejos de todo conflicto”
Efectivamente, en tal sentido podemos afirmar, que lejos estamos de aquello, la violencia, la agresividad en todas sus formas se hace cada vez más recurrente, la falta de respeto del uno por el otro, las confrontaciones físicas y verbales, escritas o a viva voz, van y vienen, las discrepancias, diferencias, oposiciones y desigualdades se hacen cada vez más profundas, cada vez más irritantes y vejatorias, al punto de hacerse notar con mayor claridad y potencia en un “ fanatismo inútil”, presente en todas y en cada una de nuestras eventualidades cotidianas, solo por citar algunas de las tantas realidades que se contraponen en las ideas, creencias, el fanatismo esta presente en el plano deportivo, en la religiones, en ámbito artístico, pero por sobre todo en estos momentos, en el plano de la política, en donde la ambición humana no se detiene ante nada, para desvirtuar la verdad, apoyándose en la mentira, en la falsedad, en la hipocresía, concluyendo en una maldad absoluta que llega a socavar y corroer hasta el alma, olvidando aquello que dijera cierto personaje de nuestra historia “el Odio nada engendra solo el amor es fecundo”
En relación con lo anterior, permítame señor lector transcribir el siguiente párrafo relacionado con esa permanente guerra entre el amor y el odio…. en los pequeños detalles es donde se libra la batalla del odio contra el amor: “el amor alienta – el odio abate; el amor sonríe – el odio gruñe; el amor atrae – el odio rechaza; el amor confía – el odio sospecha; el amor enternece – el odio enardece; el amor canta – el odio espanta; el amor tranquiliza – el odio altera; el amor guarda silencio – el odio vocifera, el amor edifica – el odio destruye, el amor siembra – el odio arranca, el amor espera – el odio desespera; el amor consuela – el odio exaspera; el amor suaviza – el odio irrita; el amor aclara – el odio confunde; el amor perdona – el odio intriga; el amor vivifica – el odio mata; el amor es dulce – el odio es amargo; el amor es pacífico – el odio es explosivo; el amor es veraz – el odio es mentiroso; el amor es luminoso – el odio es tenebroso; el amor es humilde – el odio es altanero; el amor es sumiso -el odio es jactancioso; el amor es manso – el odio es belicoso; el amor es espiritual – el odio es carnal, el amor es sublime – el odio es triste”.


En consecuencia estimados lectores, ciudadanos, compatriotas y especialmente señores políticos, es menester, sobre todo en estos momentos de gran contingencia, procuremos en no caer en ese dilema de confrontación imperecedera, infinita, perpetua, perdurable y que se expresa quiérase o no, en eso en que muchos estamos cayendo, aun sin darnos cuenta, en un “ FANATISMO INUTIL, QUE ES PAN DE CADA DIA”, que no conduce a nada, excepto a la desunión, al conflicto, a la adversidad, a una profunda desigualdad personal y social, entre el poderoso y el débil, entre el rico y el pobre, entre la justicia y la injusticia, entre la verdad y la mentira, entre lo honesto y lo inmoral, entre la honradez y la corrupción, todos embebidos en esa eterna lucha entre el amor y el odio

Omar González Hurtado
Corresponsal servicioweb