Los 34 obispos nacionales presentaron su renuncia al Papa Francisco, luego de las distintas reuniones que sostuvieran con él en el Vaticano y después de que se diera a conocer un texto en el que el Sumo Pontífice criticó de manera contundente al clero nacional.

Los obispos despegaron hacia Roma como autoridades eclesiásticas y hoy, cuando ya comienzan a aterrizar en Santiago, debieron poner su renuncia sobre la mesa de Francisco, el mismo que les enviara un documento reservado –dado a conocer por Canal 13– hace tres días, en el que criticó este “cambió de centro eclesial” que sufrió la curia chilena y que provocó esta forma de abordar los casos de abuso sexual a menores.

“La psicología de élite o elitista termina generando dinámicas de división, separación, círculos cerrados que desembocan en espiritualidades narcisistas y autoritarias en las que, en lugar de evangelizar, lo importante es sentirse especial, diferente de los demás, dejando así en evidencia que ni Jesucristo ni los otros interesan verdaderamente”, escribió Francisco.

“Lejos de disminuir ella para que apareciesen los signos del Resucitado, el pecado eclesial ocupó todo el escenario concentrando en sí la atención y las miradas”, agregó.

Un día antes de que la máxima autoridad católica les enviara este texto, dos representantes de la Conferencia Episcopal de Chile (Cech) salieron a enfrentar los micrófonos de la prensa nacional e internacional apostada en el Vaticano. Una comunicación mezquina, raquítica: el obispo Juan Ignacio González, de hecho, se desmarcó de la figura de Juan Barros –el principal apuntado en esta crisis por su supuesto encubrimiento en el caso Karadima–, al que en su momento defendió, y luego declaró que en los casos de abuso que conocieron en el pasado habían “intentado hacer hasta donde sea posible”.

El mismo González fue quien pidió perdón, este viernes, en nombre de la Cech, “por el dolor causado a las víctimas, al Papa mismo, al pueblo de Dios y al país por nuestros graves errores y omisiones”. El temblor interior en cada uno de ellos era evidente: se notó en las declaraciones de los primeros que llegaron a Santiago, como Carlos Pellegrín, obispo de Chillán, que afirmó que “no siempre como iglesia hemos hecho las cosas bien”; una frase, a lo menos, suave a la hora de asumir responsabilidades.

La iglesia que cae
A primera hora de este viernes, José Andrés Murillo, una de las víctimas de Fernando Karadima, valoró el documento que escribió el Papa. “Yo nunca vi que los obispos se pusieran del lado de las víctimas. Siguen hablando con eufemismos, con formas raras del lenguaje, donde no son capaces de hablar de forma clara, directa, y eso ha ido creando un clima de desprotección, y ha hecho mucho más difícil hacer justicia”, dijo.

“Hay una sensación de que durante mucho tiempo nos trataron de mentirosos, cuestionaron nuestras vidas, nuestras biografías, todo, y nuestro único derrotero fue que nosotros siempre vamos a decir la verdad, vamos a respetar a todo el mundo –hemos tenido algunos traspiés–, y nuestro único sentido era decir la verdad, y esto es un pequeño paso donde el mismo Papa nos dice que teníamos razón (…) la iglesia debe transformarse desde un refugio de abusadores a un refugio para las víctimas”, agregó.

Juan Carlos Cruz, otra de las víctimas de Fernando Karadima, escribió en su Twitter que estaba “bien emocionado con todo esto”, pues “le hace bien a nuestro querido país, a tanta gente que ha sufrido por obispos corruptos y mentirosos, y de paso a todos los sobrevivientes que han sido ninguneados en el mundo entero”.

Desde el movimiento Laicos de Osorno consideraron que acá hay un acto muy importante porque se le dobló “la mano al Papa”, quien primero se puso del lado de Juan Barros, con esas recordadas declaraciones en Iquique. Su vocero, Mario Vargas, indicó que el documento de Francisco “nos hace sentir en confianza, y que hubo mentiras, encubrimientos, delitos, obispos y cardenales que se apartaron del camino de Dios”.

Según Vargas, las autoridades chilenas “con vergüenza han renunciado a su ministerio, porque no hicieron bien su pega y abandonaron el rebaño. Aquí hubo un distanciamiento en relación a las prácticas que pedía el Vaticano, una iglesia cerca de los pobres. Hubo una ‘elite psicológica’, donde estos tipos se creían príncipes, donde no se les podía hablar, donde ellos tenían la última palabra, y eso ha cambiado totalmente”.

Por último, comentó que es de suma importancia que se “acepte inmediatamente la renuncia del obispo Barros”, y que con esta señal comienza a caer la iglesia del “encubrimiento, la psicótica, la de malos pastores, la que no mostró un rostro amigable a la sociedad chilena, la que perdió el rol conductor, la que perdió su patrimonio moral”.

Crédito: Nicolás Massai D. – Diario UChile