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Hace 24 años llegó desde Arauco para trabajar como jardinero en la Universidad de Chile. Su castellano era pobre y no tenía con quién hablar mapudungun. Así comenzó a impartir clases informales con grupos de alumnos y profesores interesados. Hoy es profesor de mapudungun intrumental en dos niveles en la Facultad de Filosofía y Humanidades. Mariano sabe que lleva una bandera de lucha: revitalizar la lengua que en Chile se ha tratado de hacer desaparecer.

Héctor Mariano sueña en mapudungun.

Es su primera lengua, la lleva en la sangre. Ambas cosas las dice varias veces.

Llegó como auxiliar a la Universidad de Chile hace 24 años directamente desde Arauco sin saber bien cómo hablar el castellano. Dejar su lof no le fue fácil, y la imposibilidad de poder sostener conversaciones en su lengua nativa no sólo le mostró el triste indicador de que en Chile la lengua mapudungun se estaba perdiendo, sino que también le enrostraba a la fuerza que, de ese momento en adelante, los diálogos en su lengua madre se tendrían que convertir en monólogos. “En este país se le ha escondido a la juventud su lengua propia, se ha desconocido el mapudungun en su propio pueblo, en su propio país. A raíz de esto nació mi interés por enseñar. La lengua se va perdiendo y esa es la realidad de las lenguas originarias de Chile. Muchas están muertas”, dice.

La migración de mapuche a la ciudad, señala, tiene una explicación. “Hubo una usurpación de tierras. ¿Qué hace un fundo en medio de comunidades mapuche? El pensamiento mapuche no es de vivir sobre la tierra, sino ser parte de la tierra”.

Héctor Mariano comenzó a hacer clases informales de mapudungun en la Universidad, juntándose con alumnos y profesores interesados. Reconoce la revitalización de su lengua como una misión y admite que su ambición es dejar a una generación hablándola.

Un día, después de años de pedagogía no oficial, al profesor le prestaron una sala en el cuarto piso de la Facultad de Filosofía que tenía un ventanal que daba a la cordillera. La montaña le sirvió de referente para enseñar los primeros conceptos y así, poco a poco, se fue formalizando su curso.

Así fue como formó el grupo “kom kin mapudunguaiñ waria mew”, “todos hablaremos mapudungun en la ciudad”, un grupo de personas de distintas disciplinas que, al alero de Mariano, aprendieron mapudungun y ahora lo enseñan con el objetivo de preservarlo y darle el valor que le corresponde.

Hoy el profesor tiene una pequeña oficina en el tercer piso de la Facultad de Filosofía. Es mitad oficina, mitad cocina, “pequeña pero acogedora”, dice apenas entra. Da la sensación de que aún no se toman su disciplina con la seriedad y el peso que merece.

Héctor Mariano es crítico de la forma en que el Estado chileno ha abordado la conservación de la cultura mapuche, sobre todo en materia educacional, y la Universidad de Chile tampoco se salva de su juicio. La inclusión de cátedras de mapudungun parece ser algo inestable, “por encimita”, dice. “En cualquier momento lo pueden sacar. Entonces falta una ley interna para profesionalizar a los educadores tradicionales”. Esos que son profesores de la tierra y que para serlo no necesitaron de un título profesional, indica. Para el Estado tiene otra sugerencia: “la lengua tiene que enseñarse en todas las escuelas y en todos los niveles. El sistema dice que se enseñará mapuche en donde haya un 20% de presencia mapuche, pero ahí yo me pregunto: ¿los españoles llegaron con mujeres? ¿No hay un mestizaje tremendo? Entonces, estratégicamente, están haciendo desaparecer a los mapuche en este sistema”.

En la Universidad de Chile están al tanto de la situación. Tienen consciencia de que el área de lenguas indígenas está subrepresentada y fuentes de la institución informan que se está trabajando, entre el departamento de lingüística y el de estudios pedagógicos, en una propuesta de profesionalización de educadores tradicionales, pero que la tarea es compleja por la sistemática discriminación que el Estado y la sociedad han desarrollado hacia el pueblo mapuche y que también ha permeado a la Casa de Bello. Para eso es necesario un sistema que permita reconocer los conocimientos y, señalan, se está elaborando uno.

La incorporación del mapudungun a una malla más formal también es una preocupación. La idea que ha tomado mayor fuerza es la de crear una mención de esa orientación dentro de la carrera de Pedagogía Básica. Felipe Hasler es lingüista magíster en lingüística con mención en lengua español y académico del departamento de lingüística. Hasler da cuenta del diseño, aún incipiente, de la idea de profesionalizar a los educadores tradicionales: “una vez diseñada la mención en el marco de esta carrera, y teniendo claros los requerimientos formativos del proceso de profesionalización, la idea es elaborar un sistema de reconocimiento y convalidación de saberes de los educadores tradicionales. En eso el profesor Héctor es fundamental, porque al ser hablante y conocedor de la cultura puede funcionar como articulador en una instancia de reconocimiento de este tipo”.
Hasler es también uno de los tantos discípulos que han pasado por las aulas del profesor Mariano: “él ha formado a muchísima gente, y todos los que formamos parte del colectivo de enseñanza fuimos alumnos y aprendimos con él, no solo en la sala de clases, sino en la vida en general. Siempre se dio el tiempo de enseñarnos y se preocupó de que aprendiéramos respetando nuestros ritmos”.

Mientras converso con Héctor Mariano interrumpe el diálogo para mostrarme, en su celular, la conversación en perfecto mapudungun que sostiene con un alumno coreano. Es el caso de Sunghoon Jo, un estudiante coreano que realiza su doctorado en Historia en la Universidad de Chile. Mientras cursaba su magíster en Corea decidió que quería comenzar a aprender español, lo que lo llevó a escuchar música de habla hispana. En ese contexto se topó con “Arauco tiene una pena”, de Violeta Parra. Ahí descubrió la existencia del pueblo mapuche y decidió hacer su tesis, en Corea, sobre las políticas indígenas de la Unidad Popular.

Después de eso decidió venirse a Chile y hacer su tesis doctoral sobre la colonización de La Araucanía y las relaciones de la plebe, el pueblo mapuche y las elites chilenas. Le pareció absurdo no hablar el mapudungun en ese escenario, y ahí dio con el profesor Mariano. “Corea fue una colonia japonesa durante 35 años, y en los años 30 se castigaba a los niños que hablaban coreano en la escuela. Encarcelaron a los académicos del idioma coreano. O sea que la historia de lo que ha pasado en Chile no es exótica para mí”. Tomó clases con el profesor el mismo año que llegó, durante uno o dos años, y aún sigue resolviendo dudas con el profesor Mariano. “La forma de enseñar es muy buena. La materia de los libros que el profesor Héctor Mariano ha hecho con su equipo, hasta el momento son los mejores entre los existentes”, dice en un español pausado pero perfectamente comprensible.

Cuando el miércoles pasado una mujer se subió a la micro en la que Héctor Mariano iba sentado, el profesor de mapudungun comenzó a escribir. Es una costumbre, se la pasa escribiendo. La mujer pedía dinero para comprar un balón de gas y alimento. Mientras explicaba, Héctor Mariano escribía. Quiere traducir todo del castellano al mapudungun para que la lengua no se quede sin palabras y para que se adapte a los distintos territorios. En Santiago no se anda a caballo, no se ara la tierra, no se trabaja el trigo. Se anda en micro, en metro y se habla por celular. No existían conceptos que aplicaran para definir elementos o prácticas ajenas a sus costumbres y tradiciones, por eso trabaja en neologismos, palabras nuevas elaboradas ante la necesidad de nuevas definiciones. A veces lo intenta con los partidos de fútbol. Le cuesta, pero se puede, dice.

La lucha de Mariano es por la recuperación de su lengua y la lucha de su nación en el sur es por la recuperación de sus tierras. Según dice, es la misma lucha, pero en dos diferentes frentes. “Algunos peñi, los jóvenes, hoy están en proceso de recuperar el territorio. Es una cosa muy obvia, sin embargo se destaca como terrorista y se criminaliza. Cualquiera puede, con el tiempo, querer recuperar lo que fue de sus abuelos o bisabuelos. El Estado debe reconocer la lengua y al pueblo mapuche, solo así reconocerá la deuda histórica que hay. Hoy se dice que hay una sola nación, y eso no es así”.

Más de 3.000 alumnos han pasado por las clases de Héctor Mariano, aun así todavía no logra que sus hijos lo incorporen a su costumbre. Por eso los lleva como ayudantes a sus clases, porque sabe que si les pasa una pila de libros no está incentivándoles el estudio.

El escritorio de Mariano sostiene un libro grueso. De tapa blanda y de tonos color tierra en su portada se lee “DICCIONARIO MAPUCHE. Mapudungun-Español Español-Mapudungun”. El autor es Fray Félix José de Augusta, un sacerdote alemán que publicó el diccionario en 1916. El texto está impregnado de un tono religioso que incluso censura algunas palabras.

– Tienen que venir los extranjeros a hacer un diccionario, más encima católico. ¿Dónde están los lingüistas de Chile?
– ¿Te interesaría trabajar en un nuevo diccionario?
– Me gustaría. Significa mucho trabajo. Hay que hacer una investigación, tendría que ser un gran proyecto.

Crédito: Martín Espinoza  – Diario UChile