Resistidas han sido las últimas intervenciones de la Presidenta. Tanto el proyecto que anuncia el fin al CAE como el que propone una nueva carta fundamental han sido mal recibidos por los sectores sociales, sobre todo, por haber sido enviados al Congreso días antes del fin de su gobierno.

El legado, testamento, es lo que más se repite a la hora de analizar el por qué la presidenta Michelle Bachelet escogió dejar los anuncios del fin del Crédito con Aval del Estado (CAE) y el envío del proyecto de nueva Constitución para su última semana de gobierno. A estos temas se puede agregar el TPP-11, cuya firma se hará cuando las cajas en La Moneda estén casi embaladas.

Como en un ciclo, cuatro años después, la saliente mandataria estaría apostando a ser recordada por aquellas que fueron sus grandes promesas de campaña: un cambio de carta fundamental y una nueva forma de entender la educación chilena, aunque hoy sean solo gestos simbólicos o “para la galería” como han dicho sus críticos.

Ernesto Águila, analista político y militante del Partido Socialista, interpreta que Michelle Bachelet está trabajando para ser recordada como una de “las grandes progresistas” del país, tal como hoy son mirados anteriores presidentes. “Ella políticamente quisiera ser recordada como una figura progresista, quedar en ese panteón de presidentes en el que uno suele ubicar a Pedro Aguirre Cerda, a Salvador Allende, a Frei Montalva… le interesa marcar que fue un punto de inflexión o quiso ser un punto de inflexión con lo que venía siendo una transición que no solamente heredó una soberanía popular muy intervenida, sino también un modelo neoliberal institucionalizado”, explicó el politólogo.

Lejos de esa visión histórica se ubica el diputado Fuad Chahín. El militante de la Democracia Cristiana criticó duramente a la Presidenta por enviar “a última hora” el proyecto de nueva Constitución. En entrevistas dadas a la prensa aseguró que se trataría más bien de una “falta de respeto” y una “imprudencia absoluta” el haber presentado en este momento un texto tan importante y que se trabajó (en etapas) durante gran parte de la administración.

Apuntando a la molestia ciudadana que causa un anuncio como éste, sobre todo en quienes creyeron en la palabra del Gobierno y participaron en los cabildos abiertos para trabajar en el cambio constitucional, habló de un sentimiento de “frustración” toda vez que es probable que el proyecto nunca llegue a ser tramitado.

En educación algo similar ocurrió

Para el siete de noviembre pasado estaba fijada la fecha en la que el ministro de Hacienda, Nicolás Eyzaguirre, presentaría un plan para eliminar el Crédito con Aval de Estado. La medida fue propuesta luego que desde el Frente Amplio se levantara la idea de condonar la deuda de los miles de chilenos que no han podido pagar por su enseñanza. Se presentaba como una solución satisfactoria y en línea con las promesas gubernamentales que, un día, en el pasado, hablaban de sacar al mercado de la educación.

Luego de haber conocido la propuesta, las críticas no tardaron en llegar. Los propios estudiantes cuestionaron el que el traspaso de la deuda bancaria a deuda estatal no resolvía el problema. Finalmente, dijeron, valida el sistema de voucher, de beneficio individual tan resistido por un sector de la sociedad.

Desde el Frente Amplio profundizaron en los problemas del nuevo anuncio. Para Víctor Orellana, sociólogo y militante de Izquierda Autónoma, no se avanza ni en lo singular, ni en lo colectivo. En conversación con el programa Semáforo de Radio Universidad de Chile, el también investigador de la Universidad de Chile se mostró molesto por la manera equívoca con la que este gobierno se ha manejado en educación. La propuesta del sector se centraba en una reducción gradual del costo de los aranceles por carrera lo que, a la vez, reduciría el copago del estudiante, y no en seguir mirando la “venta” de la educación como si se tratara de “televisores”.

Pese a los cuestionamientos puntuales a la forma en la que se resolvieron ambas iniciativas, Águila insiste en que todo se trata de la idea de legado ¿Cómo quiere ser recordada Michelle Bachelet? “Hay una cierta preocupación de los políticos por cómo la historia los va a recordar, por cómo van a quedar en la memoria de los ciudadanos y, por lo tanto, yo enmarcaría estas últimas decisiones en que buscaron poder decir –por lo menos- que las promesas de gobierno se cumplieron, no porque necesariamente se realizaron, sino porque por lo menos fueron presentadas como proyecto. En ese sentido, estas medidas son más bien simbólicas, testimoniales, aunque dar testimonio no es negativo en política”.

El recuerdo de la historia reciente habla de otros, como ella, que han anunciado importantes reformar a días de concluir sus periodos. En búsqueda del legado o no, por ejemplo, el dictador Augusto Pinochet publicó el 10 de marzo de 1990 la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE), también en una de sus últimas jugadas, el mismo régimen salvó a El Mercurio y Copesa de la cuantiosa deuda contraída con el Banco del Estado, momento conocido como “perdonazo”. Sebastián Piñera también apostó por los proyectos de última hora, así el 10 de marzo de 2014 propuso la reforma al Código Penal.

Firma del TTP-11
¿En esa idea testimonial cómo se enmarca la firma del antes Acuerdo Transpacífico, hoy y sin Estados Unidos, TPP 11?

Economistas y organizaciones sociales lo han rechazado, principalmente por la entrega de soberanía que supondría esta negociación entre los estados parte; también por haberse negociado en completo secreto y a espaldas del escrutinio popular.

Una de los que siempre se han mostrado contrarios a la firma de este tipo de tratados es Lucía Sepúlveda. La integrante de la plataforma Chile mejor sin TLC dijo a Radio Universidad de Chile que a nivel de legado es “nefasto” toda vez que se validan prácticas antidemocráticas que no se condicen con las formas actuales de entender la realidad.

Ernesto Águila también es crítico. A su juicio, medidas como ésta, necesariamente deben ser revisadas por los ciudadanos. Por ejemplo, a través de un plebiscito. “Un sector del progresismo evalúa que estas iniciativas son acorde a sus líneas de pensamiento”. Para el analista, un tratado así compromete soberanía, complica a la democracia y no avanzan en la línea de la igualdad, por lo tanto, es nada más ni nada menos que “una falsa idea de progresismo”.

Crédito: Paula Campos – Diario UChile