Los dos candidatos y comandos presidenciales se desgañitan en asegurar el apoyo de aquellos referentes que llegaron más rezagados. Sin embargo, lo hacen mediante devaneos cupulares, realizando oportunistas “ajustes” en las nóminas que rodean a los abanderados, sin que hasta aquí acometan cambios programáticos o reiteren compromisos para convencer a los millones de electores que prefirieron a otros postulantes.

Después de una jornada electoral con resultados muy reveladores respecto del rechazo ciudadano a la generalidad de los partidos políticos tradicionales, además del manifiesto repudio a un conjunto de figuras y prácticas políticas, tenemos el temor de que los vicios cupulares sigan practicándose, sin embargo, a propósito de la Segunda Vuelta Presidencial. La derrota de algunos candidatos que corrieron con mucha ventaja para reelegirse en el Parlamento, da cuenta de este malestar ciudadano y de cómo personajes como Ricardo Lagos Escobar se constituyeron en un lastre para aquellos postulantes apoyados por él. Así como podría interpretarse la derrota del senador Andrés Zaldívar, en la Democracia Cristiana, de un político como Camilo Escalona, del Partido Socialista, y del propio presidente del PPD, entre tantos otros que confiaron en su reelección.
Pero como si nada hubiera pasado, los dos candidatos y comandos presidenciales de la Segunda Vuelta se desgañitan en asegurar el apoyo de aquellos referentes que llegaron más rezagados. Sin embargo, lo hacen mediante devaneos cupulares, realizando oportunistas “ajustes” en las nóminas que rodean a los abanderados, sin que hasta aquí acometan cambios programáticos o reiteren compromisos que pudiera convencer a los millones de electores que prefirieron en primera vuelta otros postulantes. Confiando demasiado en que los votos puedan ser endosables por los candidatos, partidos o movimientos que fueron, en realidad, sus adversarios en la primera vuelta.
Piñera incorpora nuevas figuras a su entorno como a los Kast y otros que tuvieron alto apoyo popular en las elecciones parlamentarias y presidenciales del domingo. Ya logró, además, comprometer el apoyo de Manuel José Ossandón, cuya hermana resultara con una enorme votación en un distrito en que el electorado de centro derecha le manifestó, por el contrario, un enorme desdén al candidato de Chile Vamos. Lo que se explicaría en la cortapisas que justamente le puso el senador a la posibilidad de que el expresidente de la derecha pudiera repetirse el plato en La Moneda. No se intenta seducir a los partidarios de los hermanos Ossandón sino a ellos mismos, en la creencia de que su eventual y público apoyo a Piñera podría asegurarle capturar a la masa electoral de la populosa comuna de Puente Alto.
Con toda frialdad hay quienes piensan que podría ser conveniente para Sebastián Piñera que la presidenta de la UDI, Jacqueline Van Rieselbergue, pudiera desaparecer de las fotos con el candidato, en consideración a los resultados obtenidos por el gremialismo en comparación con los de Renovación Nacional y a la plena consolidación de Evópoli. Pero será difícil que la senadora Van Rieselbergue decida moverse de la foto y dejarle un cupo en ellas a otras figuras emergentes del sector, por lo que los publicistas gráficos de este Comando y de los medios de comunicación afines van a tener que ingeniárselas para hacerlos caber a todos en las nuevas ilustraciones y afiches de campaña.
Pero ya fue un acierto que Piñera sumara a su entorno a José Antonio Kast, quien obtuvo un apoyo nada despreciable del ocho por ciento;  un caudal de votos que muy masivamente debería sumarse  ahora Piñera, aunque hay entre éstos personajes como Hermógenes Pérez de Arce que bajo ninguna circunstancia, como se dice, van sumarse al piñerismo, lo que podría afectarle al candidato cuando se sabe lo reñida que será la Segunda Vuelta.
Por el otro lado, no hay duda que Alejandro Guillier la tiene todavía más difícil. Mal que mal en la derecha existe mucho más “sentido de clase” que en  el centro o la izquierda, donde las querellas intestinas se han convertido en rutina y no amainan lo necesario.
Un gran paso ha dado el candidato periodista en comprometer el apoyo de la Democracia Cristiana, aunque el caudal de votos de esta colectividad se haya jibarizado mucho. Pero hay que reconocer que algunas figuras de la DC, como Mariana Aylwin, sería demasiado difícil, si no imposible, que decidan su apoyo a Guillier y no vayan a empeñarse de hecho en el triunfo de Piñera. Quien tanto se ha ufanado de su amistad con el propio primer presidente de la Concertación. Tal cual debemos suponer que ocurre en no pocos militantes y simpatizantes DC que abominan de cualquier asociación con los “comunistas, masones y ateos” que también pueblan el entorno de Alejandro Guillier.
En este sentido, ya se supo ayer que su comando tiene la idea de mover de la foto a los comunistas y a personajes como Sergio Bitar por lo que puede irritar su presencia a los potenciales votantes falangistas, en el primer caso, y a los del Frente Amplio, en el segundo, que no tienen simpatía alguna por el ex ministro de Educación y amigo, también, de Ricardo Lagos. Ayer, justamente, un diario matutino advirtió de la molestia del PC por la decisión de Guillier de sacar a una diputada comunista del primer círculo de allegados. A pesar de que en la tarde se anunciara la incorporación de Camila Vallejo al Comando. Todo lo cual ratifica lo que ya es un secreto a voces: el pésimo clima que reina entre los distintos equipos del candidato, los que incluso han llegado a quitarse el saludo entre unos y otros.
Pero no hay duda que el principal pendiente, y que puede constituirse en fundamental para un eventual triunfo de Guillier en la segunda vuelta,  tiene que ver con el respaldo que pueda recibir de quienes votaron por el Frente Amplio. La verdad es que el desafío de éste de alcanzar y sobrepasar a Piñera radicaría en la posibilidad de seducir a ese amplio número de chilenos que apoyó a Beatriz Sánchez. Sin dejar de considerar lo que pueda ocurrir con ese 55 por ciento de electores que se abstuvo y muchos de los cuales, quizás, decidan sufragar en una segunda vuelta.
Sin embargo, siempre en las malas prácticas de la política cupular, desde el Comando de Guillier, si no él mismo, hay quienes están empeñados, primero, en arrancarle un compromiso de apoyo a los líderes del Frente Amplio, en la esperanza que éstos le endosen el  apoyo de los votantes de estos tres partidos e innumerables movimientos que apoyaron a Beatriz Sánchez. Como si esto fuera posible con la diversidad de integrantes de este referente, y la natural resistencia de los jóvenes que siguen sin apreciar diferencias importantes entre los dos candidatos del balotaje. Reiterando lo que han afirmado, por lo demás, en múltiples oportunidades.
Al consignar, una vez más, cómo se mueven los diferentes actores políticos en sus devaneos cupulares, sería loable que en estas semanas previas a la final electoral, partidos y movimientos respetaran más el derecho de sus votantes que las conveniencias de sus dirigentes. Que destinaran su tiempo, más bien, en encantar a los electores de aquellas expresiones que prefirieron a otros abanderados, empeñándose es reformular sus propuestas programáticas y definir compromisos más claros y atractivos con la ciudadanía Que no se agoten en engatusar o seducir solo a los cabecillas, sino en convencer al pueblo mismo.
Al respecto, es bueno observar en algunos dirigentes de izquierda las exigencias que se le hacen al candidato del oficialismo en cuanto a profundizar los cambios, derribar el sistema previsional y convocar a una Asamblea Constituyente, como condiciones previas para aspirar al respaldo ciudadano de quienes ya manifestaron su apoyo a las reformas y la profundización de la democracia. Algo parecido a las demandas que, desde los que apoyaron a Kast, se le han formulado a Piñera, aunque en este caso las diferencias en la derecha sean, sin duda, más tenues. Y los acuerdos electorales más factibles, debido a la conciencia de clase que comparten unos y otros.
Preferiríamos que en esta hora ambos contendientes estuvieran ratificando sus compromisos con la ciudadanía más que flexibilizar sus posiciones para obtener el apoyo popular para, si se hace preciso, desconocerlos después sin remilgos desde La Moneda y el Parlamento. Tememos que lo que se imponga en todos estos aprontes y negociaciones sea la voluntad de hacerse del poder y repartírselo, más que la de servir a las convicciones y demandas populares.
De allí que en estos mismos días nos parezca tan noble y aleccionador la voluntad de la mandataria alemana Ángela Merkel de renunciar a su cargo si no logra la consolidación de un acuerdo político que se legitime frente a la ciudadanía. Cuando en vez, de emprender arreglos cupulares, ofrecer cargos y concesiones para mantener la unidad de socialcristianos y socialdemócratas advierte al pueblo alemán que podría apelar directamente a éste para obtener un voto de confianza respecto de lo que se propone realizar.
Y si los ciudadanos le dijeran que sí, proponerse realizarlos con o sin el consentimiento de los partidos políticos. Algo digno de imitarse, indudablemente. Y que habla de las diferencias de una democracia seria, como la alemana, en comparación a la precaria vocación republicana de nuestras dirigencias políticas.

Crédito: Juan Pablo Cárdenas S. – Diario UChile