En Chile es común que las familias tengan a sus disposición una o dos cajas de paracetamol en sus casas. Se usa comúnmente para aliviar dolores de cabeza y está tan arraigado en la cultura, que no se toma ninguna precaución a la hora de ingerirlo. Por eso, el Instituto de Salud Pública informó acerca de los problemas que puede traer su consumo.

El uso del paracetamol es tan común en Chile, que en 2013 los chilenos compraron 10 millones y medio de cajas y en 2016 la cifra aumentó a un poco más de 13 millones.

Lo cierto es que este analgésico-antipirético puede tener consecuencias negativas en quienes lo ingieren, normalmente personas aquejadas por dolores de cabeza o estados febriles. Sin ir más lejos, el Instituto de Salud Pública de Chile (ISP) anunció este miércoles que el paracetamol se encuentra entre los cinco medicamentos con mayores efectos adversos en Chile.

En ese sentido, su mal uso se da cuando se accede a una dosis mayor de la recomendada o se mezcla una dosis con otro remedio que contiene el mismo principio activo. Esto ha producido que personas lleguen al hospital con daños evidentes, provocando incluso situaciones de trasplante de órganos en determinados casos.

A esto se suman reacciones adversas que afectan a la piel, tales como erupciones o picazón, además de náuseas, vómitos y malestares neurológicos.

“Produce mareos y lo más grave que puede llegar a producir es una insuficiencia hepática. En muchos casos llega a ser terminal y la persona requiere un trasplante para salvar su vida” dijo Álex Figueroa, director de la entidad.

Asimismo, hizo un llamado a tener un uso racional del paracetamol, especialmente porque no necesita receta para ser comprado y también porque su uso es beneficioso si es que se tiene el conocimiento necesario.

De esta forma, dio paso al subsecretario de Salud Pública, Jaime Burrows, autoridad que acompañó esta actividad de lanzamiento de la campaña “Los Vivaceta: Uso Responsable de Medicamentos”, cuyos objetivos son prevenir la automedicación, enseñar a almacenar los remedios, advertir sobre el riesgo de comprarlos en lugares no establecidos y difundir información sobre medicamentos genéricos.

Sobre este último punto se refirió el doctor Burrows durante su exposición, aludiendo a la Ley de Fármacos II que se encuentra en tramitación en el Senado. En la regulación, dijo, se consideran distintos aspectos pero, particularmente, el tema del nombre del fármaco.

“Fue aprobado un artículo sumamente importante. En las cajas de los medicamentos va a estar más grande la denominación común internacional, es decir, el nombre verdadero del medicamento y el nombre de fantasía va a estar más pequeño, cosa que la gente pueda saber qué es lo que está consumiendo”, informó.

Hernán Chávez, académico de la Facultad de Ciencias Químicas y Farmacéuticas de la Universidad de Chile, afirmó en conversación con nuestro medio que en nuestro país existe un comportamiento arraigado en el nivel cultural de la sociedad, donde tampoco se disponen de datos en el sistema de salud para averiguar las razones y la cantidad de personas que tienen problemas producto de contraindicaciones de medicamentos.

“No sabemos cuántas personas ingresan a los hospitales por daños referidos al paracetamol. En otros países se hace una investigación con todas las personas que ingresan a las clínicas y se tienen estadísticas”, argumentó.

Hernán Chávez explicó que no se hace seguimiento, por lo que no se pueden llegar a conclusiones. Agregó que es necesaria una política de información en los establecimientos educacionales para hacer frente a este cambio cultural.

“Me gustaría que se enseñara esto y una serie de otras situaciones de salud en algún curso de la enseñanza media. Dentro de eso, enseñarles un poco sobre los medicamentos para que tengan más cuidado”, expresó.

El académico terminó por decir que es muy recomendable hacer preguntas a los químicos farmacéuticos que están en cada farmacia del país,  y que están disponibles para responder dudas acerca del consumo de los medicamentos. “Están subutilizados”, sentenció.



Crédito: Nicolás Massai D.  – Diario UChile

 







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