Los chilenos salieron a votar en masa este domingo en un plebiscito que surgió en respuesta a las masivas protestas sociales que estallaron hace un año, para decidir cambiar o no la Constitución redactada en la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), en una emocionante jornada electoral.

Con mascarillas y la esperanza de un cambio, largas filas se observaron en los centros de votación, donde el proceso transcurría sin incidentes, con los resguardos sanitarios para evitar contagios de coronarivus.

El director del Servicio Electoral, Patricio Santamaría, afirmó su esperanza de que la jornada terminará con una alta participación electoral. “Va a ser el proceso de participación más grande desde 2012, cuando se estableció el voto voluntario”, dijo Santamaría a medios locales, al ver “el compromiso (de la gente), la constitución de las mesas y la afluencia de electores”.

La referencia inmediata de participación es la presidencial de 2017, cuando fue electo el presidente Sebastián Piñera y votó el 49,2%.

La alta concurrencia ha estado marcada por la esperanza de cambios que abre este inédito proceso electoral, decidido tras un amplio acuerdo político alcanzado en noviembre del año pasado, casi un mes después del inicio, el 18 de octubre de 2019, de las protestas sociales y enfrentamientos violentos con la Policía tras el alza en la tarifa del Metro de Santiago.

La elección se realiza justo un año después de que tuviera lugar, el 25 de octubre de 2019, la mayor marcha realizada en democracia. Más de 1,2 millones de personas se reunieron en torno a la Plaza Italia de Santiago, una demostración de la profundidad y amplitud del descontento social acumulado en décadas en un país considerado un modelo de crecimiento económico y estabilidad en América Latina. “A un año del estallido social es la primera oportunidad real que tenemos para hacer los cambios necesarios para mejorar la salud, la educación; para tener una sociedad más igualitaria”, dijo Pilar Matus, una profesora de 47 años que participó en esa gran marcha.



El presidente Piñera votó temprano y pidió a sus compatriotas acudir a las urnas “porque todas las voces importan”. También llamó a “rechazar la violencia y abrazar el camino de la unidad”. “Hemos esperado mucho más de un año (por esto), es un evento histórico en nuestro país”, dijo a la AFP emocionado Elías Pérez, un psicólogo de 39 años, que votó en el Estadio Nacional de Santiago, lugar emblemático en la historia chilena convertido para esta jornada en el centro de votación más grande del país.

Un año después del inicio de las protestas, Chile se juega en las urnas la posibilidad de cambiar la Constitución redactada en 1980 y sepultar definitivamente la sombra de la dictadura de Pinochet, resolviendo por la vía pacífica los problemas de inequidad y exclusiones que detonaron el “estallido social” de octubre.

Para un amplio sector de la población, la Constitución de 1980 es la madre de las desigualdades de Chile. Si bien la carta magna no establece la privatización de sectores básicos, como la salud o la educación, fomenta la participación de los privados y reduce el tamaño del Estado. Pero para los detractores del proceso, un cambio a la Constitución podría minar la salud de la economía y el desarrollo social.

“Un primer propósito de este proceso constituyente es dejar atrás la sombra de la dictadura de Pinochet (…) elaborada bajo el uso de la fuerza”, explicó a la AFP Marcelo Mella, politólogo de la Universidad de Santiago. El segundo objetivo, agregó Mella, es “poder resolver por la vía política y pacífica los problemas que se han transformado en estructurales”, como la desigualdad y la exclusión.

En desarrollo…

Crédito: Infobae




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