Nuevo estudio de Fundación SOL y la OIT revela la precarización de las condiciones laborales de las mujeres de la industria textil que venden, a través de una extensa cadena, su producción a grandes tiendas o fábricas. El informe abre el debate sobre las injusticias de la externalización de los servicios y sobre la verdadera libertad del libre mercado.

Como “semi esclavitud”. Así califica Alexander Páez, investigador de Fundación SOL, las condiciones laborales en las que se desarrolla el trabajo textil en domicilio. Ese que, lejos del retail y las grandes empresas textiles –hoy cada día más moribundas-, alimenta y suministra a una industria que ha bajado significativamente su producción durante las últimas décadas.
Son mujeres, principalmente, y su desarrollo se debe a la intención de las fábricas o grandes industrias por abaratar costos. Al tope de la cadena, en su parte superior, se ubican las grandes tiendas. Un escalón más abajo se suelen ubicar las fábricas intermedias, que externalizan parte de su producción y luego la venden al retail. A veces el intermediario ni siquiera tiene trabajadoras.
El estudio revela la alta precariedad, las bajas remuneraciones y el pobre acceso a seguridad social.
Así lo ratifica Páez, quien asegura que las trabajadoras, además, son las que enfrentan todos los riesgos que conlleva el negocio: “Estamos viendo condiciones de trabajo que uno creía superadas dado el nivel de desarrollo supuesto que tiene Chile. Nos encontramos con tipos de trabajo que bordean la semi esclavitud. Las mujeres que están detrás de esta cadena de producción tienen que asumir todos los riesgos de producción. No tienen ningún tipo de seguridad social ni protección laboral, no se les remunera por sobre el costo de producción de lo que realizan, no tienen capacidades de negociación. Están atrapadas en una cadena de valor. Para ellas no existe el libre mercado”.
De la investigación se logran desprender algunas premisas que abren un debate aún más profundo. Una de ellas es la  precarización inminente ante la externalización de los servicios dentro de la industria. “Las trabajadoras que están subordinadas, no manejan sus propios ritmos de trabajo, no manejan la forma en la cual van a producir y tampoco manejan la autonomía en el producto, sino que se les solicitan con determinados plazos, materiales y en determinado tiempo. Es una relación subordinada escondida”, sostiene Páez.
Según Andrés Solimano, economista, este tipo de cadenas productivas son tierra fértil para la precarización laboral, sobre todo por el inexistente vínculo que existe entre la empresa que vende la producción y la que los elabora: “al estar subcontratados efectivamente se precariza el empleo, por esta forma indirecta. El taller proveedor de una empresa más grande muchas veces mantiene a los trabajadores o trabajadoras en un estado más precario, entonces es una precarización indirecta. La subcontratación de servicios tiene como contrapartida una fragilización del empleo”.
José Luis Urgarte, académico de derecho laboral de la Universidad Diego Portales, es crítico de este sistema laboral y apunta sus dardos directamente contra el gobierno y su reforma laboral. A su juicio son los grandes responsables de que esto se siga reproduciendo, dada la nueva legislación que le ofrece condiciones de sobra a las grandes empresas: “Eso ha sido porque no ha habido voluntad en las reformas laborales que se han hecho por intentar establecer alguna forma de negociación real y colectiva entre los subcontratados y las empresas. En la reforma laboral se da un paso atrás porque se los deja a los trabajadores subcontratados sin derecho a huelga. Se establece que la empresa principal en caso de huelga de los trabajadores puede contratar a otra empresa contratista sin que eso sea una vulneración del derecho a huelga”.
Hay quienes consideran que el trabajo en domicilio es una suerte de disfraz para la pérdida de condiciones laborales. Esa es la postura que manifiesta Matías Rojo, encargado de investigaciones laborales del Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz: “Lo que ocurre con el trabajo en domicilio es que sin la presencia de organizaciones sindicales estas personas negocian por sí solas con todo un conglomerado empresarial que les fija de forma unilateral cuánto vale el trabajo que realizan. Estas empresas reducen los costos de operación, que pasan a ser asumidas por la propia trabajadora en su hogar. Todo esto se disfraza como un emprendimiento, como la capacidad que tiene una persona para salir adelante montando un negocio, siendo que en realidad es una pérdida de derechos laborales. Es ocultar el vínculo de dependencia que tiene esa persona con la empresa que compra su trabajo”.


El estudio de la Fundación SOL da cuenta también del incipiente proceso de organización que existe dentro de las trabajadoras. Dentro de las solicitudes expresadas por las organizaciones sindicales del sector, están el propiciar negociaciones colectivas tripartitas por rama, lograr Tarifados Nacionales Unificados y promover la conformación y mantención en el tiempo de sindicatos de trabajo a domicilio y sindicatos de empresa del área textil  incentivando la afiliación masiva a todos los niveles.

Crédito: Martín Espinoza C – Diario UChile